El británico Tim Maughan se lanzó a la autopublicación con su colección de tres relatos “Paintwork” (podéis leer una reseña en español aqui), una interesante antología que exploraba el papel del arte, la fama y la globalización a través de historias ambientadas en un futuro cercano inquietantemente familiar. Conocido articulista en Tor.com y en revistas británicas como Icon y SFX, actualmente trabaja en su primera novela, centrada en el papel de las tecnologías de la información como herramientas de protesta social. Su nombre está empezando a llamar la atención como uno de los autores actuales de ciencia ficción que ha recogido el testigo de la relevancia social que más ha definido a este género históricamente, en peligro según articulistas como Damien G. Walter, cuyas opiniones publicamos la semana pasada. Hoy tenemos el placer de traeros la traducción al español de la entrevista publicada en inglés en Sense of Wonder, que nos la ha cedido amablemente. Comprobaréis que las opiniones de Tim Maughan no son nada tímidas…
También aprovechamos para anunciaros que esta no será la última vez que Tim aparecerá por el blog de la colección. Estamos seguro de que os parecerá tan interesante como a nosotros.
Recientemente se ha mencionado su nombre en un artículo de Jonathan McCalmont como uno de los pocos autores actuales que escriben ciencia ficción “relevante”. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Es cierto que la ciencia ficción se ha agotado?
Conozco muy bien a Jon y esta es una cuestión que hemos discutido a fondo, motivo por el que me siento incluso más alabado por que haya incluido mi obra en su artículo. Tengo claro que nunca me hubiera incluido por el mero hecho de ser amigos. Me parece que el título del artículo da en el clavo, no se me ocurre ningún otro momento en el que la ciencia ficción fuese tan escapista. Tengo mis propias teorías al respecto, relacionadas sobretodo con la reducción de la clase media y la amenaza a la que esta se ve sometida, pues ese ha sido siempre el origen de la base de la audiencia de la Ciencia Ficción. Expliqué esas ideas con cierto detalle en un artículo que escribí para la web de Lavie Tidhar, pero resumiendo: las clases medias occidentales se sienten amenazadas por el desplazamiento del poder económico hacia los países orientales y tienen la sensación de que el futuro (del cual siempre se les había dicho que les pertenecería) se les escapa de las manos. No pueden retenerlo, y dado que ese futuro podría no desempeñar un papel muy importante para ellos, tampoco lo desean. Consecuentemente, buscan una ciencia ficción de carácter escapista o, incluso, retirarse al pasado. Creo que a eso se debe el gran aumento de la popularidad de subgéneros de la ficción especulativa como el steampunk, la fantasía y lo paranormal.
¿Significa eso que la ciencia ficción se ha agotado? Tal vez, pero no creo que esa tenga que ser su situación definitiva. Puede revivir, fijarse en lo que debería hacer, intentarlo de nuevo. O, al menos, espero que pueda. En cualquier caso ese es mi objetivo; la mejor ciencia ficción es la que combina el escapismo con el realismo o el comentario social. La cuestión es dar con el equilibrio adecuado.
Durante la lectura de sus relatos tenía la sensación de que podía detectar la influencia de autores ciberpunk como William Gibson y, especialmente, Bruce Sterling. ¿Tenía razón? ¿Qué otros autores han influido en su escritura?
En lo de Gibson y Sterling ha acertado de pleno. Gibson en particular me impactó enormemente cuando lo leí por primera vez, y sigue haciéndolo. Mi padre es muy aficionado a la CF, así que crecí rodado de libros y leí muchos de ellos pero hacia los años 80, durante mi adolescencia, perdí parte de mi interés; comparado con la música y las drogas con las que experimentaba en esa época la ciencia ficción no parecía especialmente sexy o guay, esas cosas que preocupan tanto a los adolescentes. Y entonces descubrí a Gibson y el ciberpunk, y no solo parecía guay si no que, al igual que la música que me gustaba (hip hop y house/techno) parecía actual, interesado en los mismos temas que yo, me proponía otra manera de ver la emergencia del hipercapitalismo teniendo en cuenta el papel de los ordenadores y la saturación total de los medios a la que hoy en día estamos tan acostumbrados. Además resultaba excitante porque era un tipo de CF que había descubierto yo, no mi padre. Creo que eso era importante, la idea de una barrera generacional.
Lo cual explica el porqué a veces me siento muy incómodo cuando se me etiqueta de ciberpunk. Me siento halagado porque para mí fue una influencia muy importante, pero fue un movimiento ligado a su época. Yo estoy intentando hacer algo nuevo, pero recuerda al ciberpunk no solo debido a mis influencias sino porque Gibson y compañía acertaron en tantas de sus predicciones acerca del presente. De hecho, mis libros no usan demasiadas formas del ciberpunk: no hay IAs, no hay implantes cibernéticos, no hay tecnologías secretas, etc. Las formas que uso (virtualismo, hiperconsumo, dominación de las corporaciones, vida en red) han dejado de ser ciencia ficción; forman parte de la naturaleza de nuestra existencia.
La otra gran influencia sobre mí, y se trata de una que precisamente estoy revaluando últimamente, es JG Ballard. Nadie se ha acercado a él en términos de examinar los descosidos de la sociedad occidental o la psicología de la vida en un mundo impregnado por la tecnología. Creo que fue, realmente, el escritor más importante del siglo pasado.
Las historias cortas que ha publicado hasta el momento están ambientadas en el futuro cercano. ¿Se ha planteado escribir algo de ciencia ficción situado en un futuro más lejano, para variar?
De momento no tengo planes, pero solo porque no se me ha ocurrido ninguna idea en esa línea. Me gustaría bastante escribir algo con naves espaciales y robots; siento una gran nostalgia por ese futuro industrial perdido y sucio que salía en películas como Alien, Blade Runner y Atmósfera Cero, pero hace poco he caído en la cuenta de que si la ciencia ficción habla del presente esas películas hablan de la década de los ochenta, igual que hizo el ciberpunk. Por eso tienen importancia histórica y les guardo gran cariño, pero intentar recrearlas hoy en día sería, básicamente, un ejercicio de nostalgia sin sentido. Lo cual podría ser divertido, me parece. La space opera actual sustituye ese mundo industrial y corporativo con la nanotecnología y el post-humanismo… que a mí me parecen más recursos escapistas. Son magia, satisfacción de los deseos. En realidad podrían ser fantasía.
Algunas tecnologías actuales como la realidad virtual, las redes sociales y los juegos en red ocupan un lugar destacado en sus relatos. ¿De qué manera diría que el uso de esas tecnologías está modificando nuestra forma de pensar y de interaccionar con las otras personas?
Esa es una buena pregunta. ¡Esa es una pregunta enorme! No estoy seguro de que lo sepamos todavía, me parece que todavía estamos tanteando el terreno. Creo que es por eso por lo que escribo sobre estos temas, para tratar de entenderme a mí mismo. Tengo la impresión de hoy en día todo tiene un doble filo. Las comunidades en red, por ejemplo, tanto pueden ser acogedoras como alienantes, hasta límites que hace un par de décadas hubiéramos sido incapaces de imaginar. Lo mismo podría decirse del anonimato y la distancia que nos proporciona la cultura de la red: puede ser liberadora, al permitir que la gente se exprese de determinadas maneras como no se atreverían en la vida real o al contrario, claro, en el otro lado de la moneda la gente puede decir o hacer cosas terribles impunemente, sin ninguna consecuencia. No hace mucho leí un comentario racista en un foro y cuando se lo echaron en cara a su autor la respuesta fue que nadie debería sentirse ofendido por eso, que no eran “más que pixeles”. Aquello me pareció al mismo tiempo horrible y lógico. Para alguien que se ha criado pasando buena parte de su vida en un entorno de comunicación en la red, esa defensa debía tener cierto sentido. Creo que es la supresión total del significado, el postmodernismo hecho realidad. ¿Cómo discutes con eso? De hecho, si eliminas el significado de esa manera, ¿cómo puedes discutir sobre cualquier cosa?
La confianza (y la desconfianza) son un tema importante de sus historias, en las que los personajes frecuentemente son engañados por sus amistades. ¿Le parece que hoy en día es más peligroso confiar en los demás que, pongamos, hace veinte años?
No, no lo creo. A los medios de comunicación les encantaría que lo pensáramos, se alimentan de nuestro temor y nunca cejan en su intento de extender la ilusión de desconfianza que hace que los consumidores se vuelvan hacia ellos buscando una especie de falsa verdad. En mi país oigo mucho hablar del “espíritu del blitz”, de cómo la sociedad británica estaba más unida durante la guerra en la década de los cuarenta. En su mayoría creo que eso es una gilipollez y que cuando las luces se apagaban sucedieron algunas cosas terribles, se produjeron saqueos, la gente engañaba a las parejas que no estaban ahí y cosas así. Cuando escribo sobre la falta de confianza no quiero decir que se trate de algo nuevo o de una cosa futurista (¡para ser sincero a veces no es más que un recurso para hacer avanzar la trama!) si no, más bien, que es algo que está ahí fuera y que tanto a nuestros medios de comunicación como a nuestra cultura les gusta amplificarlo, para separarnos y alienarnos, para convertirnos en consumidores mejores y más competidores. Si todos confiamos los unos en los otros el consumismo no funciona bien, sólo funciona si tenemos la sensación de que debemos competir con nuestros vecinos, nuestros amigos e incluso con nuestras familias.
En la colección “Paintwork” ha autoeditado tres de sus relatos. ¿Cómo vivió esa experiencia? ¿Qué influencia transformadora cree que tendrán los libros electrónicos y la autopublicación sobre la industria editorial durante los próximos años?
Disfruté con la autoedición, fue algo que hice básicamente como experimento personal. Detrás de esa decisión hay muchas razones… para empezar está mi formación musical. La música (o la música con la que disfruto) ha invertido sus valores en relación con la publicación. Ser independiente o el control sobre tu obra ha pasado a considerarse como un sello de autenticidad, mientras que con los libros sucede todo lo contrario: el objetivo final es recibir la bendición de un agente o de una editorial. En realidad, ahora no creo que ninguna de estas dos posturas sea correcta, pero sí era la idea que me rondaba en la cabeza cuando lo hacía. Parecía guay, y además ya me había hecho un nombre bastante sólido como articulista gracias a mi blog (otra forma de autoedición) así que me pareció que en mi caso era el paso lógico.
La única otra alternativa consistía en enviar mis relatos a revistas y cuando lo intenté tuve poca suerte. Sinceramente, el trato con las revistas de CF me pareció bastante deprimente, con un montón de aros a atravesar para obtener una compensación económica muy escasa y, mucho más importante, poca visibilidad. A menudo los editores de revistas y sus lectores dan la sensación de ser comunidades estancas: si no perteneces a la banda no le importas a nadie. Yo no quería que mis relatos solo los leyeran los lectores de unas cuantas revistas, ni siquiera solo los lectores habituales de CF; yo tenía la esperanza de que podrían llegar a tener un atractivo mayor que ese. Todavía no tengo claro que lo tengan, la verdad.
Sinceramente, no sé cómo le van a ir las cosas a la industria en su conjunto, solo que va a ser un lío y que se van a sacrificar algunos chivos expiatorios… y no siempre de la forma más justificable. Para mí el experimento funcionó: acabé obteniendo un libro que podía enviarle a la gente para que escribieran críticas sobre él y ha obtenido atención y dado pie a algunas respuestas muy positivas. Ahora las cosas han dado un giro total y estoy recibiendo encargos de las revista, lo cual es excitante. Pero aún es difícil deshacerse del estigma de la autopublicación, la gente se burla de ti, lo cual no deja de ser comprensible si te fijas en la cantidad de porquería que hay por ahí. En cualquier caso, cuando veo cómo algunos editores de renombre o la gente de la industria editorial realizan esfuerzos enormes para desacreditar la autoedición yo me río para mis adentros; ¿si de verdad es tan jodidamente terrible por qué desperdicias tu energía?
En sus historias la globalización es una fuerza imparable y las corporaciones, en ocasiones, tienen más poder que los gobiernos. ¿Cree que eso es solo ciencia ficción o es una realidad en nuestro mundo?
Desgraciadamente, que hoy en día las corporaciones tienen mayor poder que los gobiernos me parece un hecho indiscutible. Odiaría hacer un comentario sobre la situación en España cuando, obviamente, la conoce mejor que yo, pero la crisis en la Unión Europea ha demostrado una cosa: actualmente los bancos tienen más poder que las naciones. Gobiernos elegidos democráticamente tienen que someterse a corporaciones financieras, tanto en el sentido de pagar sus deudas como en el de apoyar a esas mismas corporaciones cuando estas se hunden. Creo que para la democracia esta es una situación nefasta, mucho peor que las sobredimensionadas amenazas fantasma del terrorismo o el descontento social. ¿Se le puede poner fin? Tal vez, pero no es una empresa para pusilánimes, exigirá una resistencia REAL, más que la cómoda rebelión de clase media de movimientos como Occupy. Me temo que podría haber llegado el momento de empezar a prenderle fuego a cosas.
¿En qué está trabajando actualmente? ¿Nos puede dar alguna primicia sobre sus próximos proyectos?
Como ya he dicho, acabo de terminar un par de historias cortas que se publicarán el año que viene, creo que hacia la primavera, y actualmente estoy trabajando en una novela. Todo ello está conectado con mi trabajo anterior, aunque al mismo tiempo se aleja del mismo en un sentido muy importante… ¡por el momento no quiero hablar mucho más de ello!
¿Donde pueden aprender más sobre usted y sobre su obra nuestros lectores?
Pueden visitar mi página web: timmaughanbooks.com y mi perfil de twitter: @timmaughan. Una advertencia: ¡tuiteo MUCHO!

