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La fantasía, precursora de mucho en la literatura

La literatura fantástica, junto con la de ciencia-ficción, la romántica y la erótica, se han considerado durante mucho tiempo como un género menor dentro de la novela de ficción. Sólo pasado el tiempo la crítica se fijó en esos escritos que gustaban a millones de fans y que los leían a pesar de ser calificado como lectores de segunda, y entonces se dio cuenta de que a lo mejor estaban perdiendo verdaderas obras de arte por culpa de algunos prejuicios absurdos. Así, resultó que Tolkien, Asimov, Bárbara Cartland y E.L. James, por nombrar algunos, eran unos escritores de primera, y sus hordas de fanáticos se sintieron encantados y alucinados al mismo tiempo.

Y luego empezaron, muchos años después de haberse escrito, con el análisis de esas obras. En lo que respecta a la literatura fantástica, madre mía, ni siquiera podían pensar en lo que se habían perdido. Muchos autores, como el referido Tolkien pero no el único, habían creado verdaderos universos paralelos, creando mundos que se sustentaban a sí mismos retratándolos como si hubieran surgido tal y como el nuestro, y tuvieran una cosmogonía propia. Y para colmo, los temas que se consideraban importantes en la actualidad, resulta que habían sido tratados ya en esas novelas, y además con claridad y sin ningún tipo de tabúes y prejuicios, más allá de lo que podía suponerse de la sociedad de la época. Sin ir más lejos, podemos encontrar dentro del género fantásticos muchos libros lésbicos, donde se retratan las relaciones sexuales entre mujeres sin ningún tapujo: reinas poderosas que mantenían  mancebas bajo sus órdenes para su placer, o señoras de clase alta que acababan enamoradas de sus sirvientas, o compañeras de armas que un día se daban cuenta en medio del fragor de una batalla que se sentían atraídas la una por la otra. Con un poco de estilo machista, quizá porque la gran mayoría de escritores son hombres, se estilaba que hubiera una cierta relación de poder, como si estas protagonistas necesitaran estar una sobre la otra, aunque su relación lésbica las hacía estar a la par al final del día; pero también verás expertas en magias que mantenían relaciones de igual a igual con una colega, o simplemente campesinas que vivían juntas como pareja, sin que necesitaran la aparición de ningún hombre.

Sin embargo, no te equivoques y elijas leer una novela fantástica esperando una escena de lesbianas porno. No es así como funciona, ni en los escritores clásicos, ni en los actuales… al menos todavía. Yo no las he encontrado, quizá existan por supuesto y no he dado con ellas, pero está claro que no hay que confundirse de género: si quieres tema entre dos tías, pues nada, vete a la literatura erótica homosexual. Lo que intento explicar aquí es que, a pesar que muchos de los creadores de literatura fantástica comenzaron sus andaduras a principios del siglo XX, no tenían miedo de introducir en sus historias personajes homosexuales, ni siquiera a tortilleras, que han sido peor tratadas por la sociedad que los hombres, si cabe. Y si se me permite otra opinión personal, lo hicieron estupendamente bien, ni aspavientos ni querer llamar la atención, sólo dando a este tipo de relación un sentido lógico, como lo hicieron con cualquier otra pareja heterosexual, de forma natural.

Y si hablamos de la tendencia de la literatura fantástica actual, ¿qué podemos decir? Fácilmente se ven relaciones homosexuales ya sean de gays o lesbianas, se habla de transformismo y de transexualidad, se toca el tema del sexo familiar y hasta del incesto consciente… En fin, que para haberse tratado como un material de segunda clase durante mucho tiempo, diría que el género fantástico ha roto bastantes barreras, y las sigue rompiendo.

 

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