Entrevista a Christopher Priest

priestEn 1976 Christopher Priest era un joven autor que había publicado tres novelas muy bien recibidas por el público y la crítica, y acababa de ganar en 1974 el premio BSFA por El mundo invertido, y de repente se atreve con dos de las obras más importantes de la literatura británica, La máquina del tiempo y La guerra de los mundos, planteando una secuela no autorizada que unía ambas historias, en un claro tributo a H.G. Wells.

Visto desde 2013, ¿fue una genialidad, un atrevimiento o una locura juvenil?

Creo que se trató más de locura juvenil que de genialidad. Se me ocurrió la idea que quizá los marcianos tenían un punto de vista que Wells no había tenido en cuenta, y que la única descripción existente de la invasión era el libro del señor Wells, que consideré como un relato periodístico. Pero mientras redactaba los diferentes borradores fue aumentando mi respeto por Wells y su habilidad como escritor, de manera que mi libro se convirtió con rapidez en lo que tenía la esperanza que se reconociera como un homenaje a un gran escritor.

 ¿Qué papel juega La máquina espacial en su carrera literaria?

Los tres libros anteriores a este fueron novelas muy serias y todas ellas muy diferentes, de manera que quería demostrar que también podía escribir con un estilo algo más ligero. Durante mucho tiempo, La máquina espacial fue mi novela preferida, pero con el paso del tiempo y la escritura de más libros fue cambiando mi opinión, aunque sigo sintiéndome orgulloso de ella.

 ¿Por qué Wells y no otro autor británico de su generación, o de la Edad de Oro de la ciencia ficción americana, o Verne, por poner sólo unos ejemplos?

grandesnovelasEn mi opinión no hay nadie que se pueda igualar a Wells. No sólo es un escritor “temprano” de ciencia ficción, sino que sigue siendo uno de los mejores. En especial La guerra de los mundos y La máquina del tiempo no parecen obras de una época concreta. Pero además de su ciencia ficción, Wells fue un autor importante con novelas sociales, periodismo politico y activista, comedias, sátiras, etc. En cualquier caso, desde mi punto de vista cuando escribí La máquina espacial, nadie más había escrito esas dos novelas clásicas, así que tenía que ser Wells.

En Literatura Fantástica acabamos de publicar una edición ómnibus de las cuatro novelas más importantes de Wells, La máquina del tiempo, La guerra de los mundos, El hombre invisible y La isla del doctor Moreau, ¿cree usted que estas obras siguen siendo importantes en la actualidad? Y si la respuesta es positiva, ¿cree que La máquina espacial sigue teniendo interés y le aporta algo al lector actual?

Sí, yo diría que son las cuatro “mejores” novelas de ciencia ficción de Wells, aunque se podrían añadir Los primeros hombres en la Luna y quizás En los días del cometa, además de muchos de sus relatos. Todas las obras del primer período de Wells siguen siendo de gran interés para el lector actual. Con sus libros más tardíos hay que ser un poco más selectivo, porque escribió gran cantidad de novelas y algunas de ellas están un poco desfasadas. Pero Kipps, Tono-Bungay, Ann Veronica, El padre de Cristina Alberta y The Croquet Player siguen siendo libro excelentes.

Maquina EspacialEn cuanto a La máquina espacial, no lo sé. Espero que los lectores disfrutarán de la historia, de la relación entre los dos personajes principales, de los acontecimientos divertidos y los pequeños detalles adicionales que no mencionó Wells. Uno de los motivos principales de su redacción fue la existencia de numerosas adaptaciones dramatizadas de La guerra de los mundos (a partir de la emisión radiofónica de Orson Welles en 1939), algunas buenas, otras no tan buenas, pero todas tienen algo en común: invariablemente “actualizaban” la historia. Pero me parecía que todas ellas obviaban uno de los placeres únicos de la novela: la tecnología militar inmensamente superior de los marcianos se enfrentaba a soldados normales con fusiles, artillería tirada por caballos, comunicaciones a través del heliógrafo y en general todo el material del siglo XIX. En eso había algo realmente encantador… de manera que en cierto sentido La máquina espacial era una especie de adaptación dramatizada situada en el período correcto.

Además de tomar prestadas las dos tramas, La máquina espacial es un ejercicio consciente de reproducir el estilo literario de la época victoriana, ¿fue difícil imbuirse del espíritu victoriano?

Intenté escribir La máquina espacial como una novela moderna y no como una imitación de un estilo del pasado, pero dentro de ese espíritu moderno quería recrear el estado de ánimo, la ambientación y la inocencia (en comparación con el momento contemporáneo) de una época del pasado. En gran parte se trató de la elección de los personajes y de cómo se iban a comportar, y de los paisajes en los que se iban a mover y la tecnología que iban a usar… a partir de ahí el vocabulario y el estilo de la novela surgieron de una manera bastante natural.

Nuestra edición de La máquina espacial cuenta con un prólogo de Javier Negrete, que destaca el erotismo que destila la relación entre los dos protagonistas. Evidentemente se trata de un erotismo perfectamente caballeresco y victoriano, muy alejado del boom actual, pero en lo más profundo, ¿podríamos hablar de este libro como un “romance” además de como una “novela científica”?

¡Oh, sí! El subtítulo de las ediciones inglesas de La máquina espacial es “un romance científico”. Esa fue la descripción que hizo el propio Wells sobre su obra en el momento de su publicación. Yo tenía claro que mi novela iba a incluir un romance entre los dos personajes que pudiera gustar al lector moderno, aunque los personajes se comportasen con la contención a la que obligaban las costumbres y de las presiones sociales de su época.

Si en la actualidad se le ocurriera un tributo similar a H.G. Wells, ¿escribiría la misma novela o sería completamente diferente?

No volvería a escribir La máquina espacial o nada que se le pareciera. Intento que todos mis libros sean muy diferentes entre sí y no me gustaría “regresar” a ese tipo de novela. Sin embargo, mi nueva novela, que en inglés se titula The Adjacent tiene un tema claramente wellsiano con referencias explícitas al gran hombre: H.G. Wells en persona. Pero lo que ocurre en el libro es de momento un secreto.

Y ahora una mirada al futuro inmediato. ¿Cuáles son sus próximos proyectos? ¿Está escribiendo ahora mismo? ¿Hay en perspectiva alguna adaptación de sus obras al cine o a la televisión?

The Adjacent se publicará en el Reino Unido en junio de 2013 y en estos momentos estoy trabajando en la siguiente novela que probablemente llevará el título de The Mariners.

Mi novela de 1984, El glamour, se va a adaptar al cine en el Reino Unido por parte del director Gerald McMorrow, que hace unos pocos años estrenó la película titulada Franklyn. La película despareció de las pantallas tan rápida como llegó, pero considero que es una de las mejores películas de ciencia ficción realizadas en el Reino Unido en los últimos 20 años. Se trata de una película sorprendente, protagonizada por Eva Green, Ryan Philippe y Susannah York. Si podéis, ¡disfrutad de ella en DVD! Después de ver Franklyn me puse en contacto con Gerald, nos hicimos amigos y ha decidido que quiere rodar El glamour. Tenemos la esperanza que se empiece a rodar este verano. También tengo en cartera una obra de teatro basada en El prestigio, que tiene previsto su estreno en el West End de Londres justo antes de las Navidades de este año. (También estamos hablando de un musical en Rusia basado en la misma novela, pero es un proyecto a dos años vista.)

Una última pregunta: usted ha sido muy crítico con la selección de los finalistas del Premio Arthur C. Clarke de 2012, ¿cuáles son sus impresiones sobre ciencia ficción y literatura en los últimos años?

El Premio Arthur C. Clarke sufrió el año pasado a causa de la incompetencia de los jueces. No sé en lo que estaban pensando, pero por alguna razón ignoraron la mayor parte de las novelas verdaderamente interesante o ambiciosas publicadas en 2011, y se decidieron por una novela decente (The Testament of Jessie Lamb de Jane Rogers, que ganó con toda justicia), una novela mediocre de China Miéville (Embassytown) y otras cuatro más de la ciencia ficción tradicional menos imaginativas y más comunes. Había muchas más novelas que eran mejores, o más estimulantes, o simplemente más aventuradas en el tema, pero parece que los jueces no las tuvieron en cuenta. Como considero que el Premio Clarke es uno de los mejores y más fiables premios literarios, que en el pasado había dado su apoyo a obras buenas o ambiciosas, tuve la impresión que los jueces de 2012 habían fallado de una manera terrible y muy embarazosa. Lo dije públicamente y por escrito, y en consecuencia tuve algunos problemas. Pero al final, creo que sirvió para que la gente se centrase en lo que debería ser la ciencia ficción moderna y en que se debería animar a los escritores a enfrentarse con materiales nuevos o difíciles.

En cuanto a este año, algunos de los jueces siguen ahí, así que sólo podemos ESPERAR lo mejor, pero debemos temer una repetición de sus valores apocados y conservadores. (Este año hay un par de jueces nuevos, así que es posible que la cosa mejore. Esperémoslo.) En cuanto a mí, me he pasado los últimos 12 meses investigando para mi nueva novela, así que no he leído ninguno de los libros de ciencia ficción publicados en este último año, así que no tengo intención de decir nada sobre lo que ocurra…

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